Siempre he confiado en el poder de las palabras para transmitir sentimientos cuando existen varios kilómetros de distancia entre dos personas que se cuidan, se desean, se divierten charlando, pero sobre todo, se aman. Confío en tus palabras, en tus pensamientos, en ti. Tus palabras se convierten en anhelos, en necesidades primarias para poder estar bien todo el día. Es un deseo muy fuerte querer leerlas todos los días, a toda hora, no importando interrumpir conversaciones con los presentes. Cada encuentro textual es un tesoro que guardo en un baúl con llave y ésta la guardo en mi corazón y mi mente.

Te leo y sonrío, y cuando suena el teléfono corro a tomarlo porque sé que en tus palabras vive mi ilusión. En tus letras sinceras habita mi consuelo, mis ganas de tenerte y no soltarte más. Mis ganas de imaginarme una vida a tu lado en una ciudad donde nadie nos conozca y sólo estemos tú y yo. De todos los mensajes que envías, los que acompañas con música son mis favoritos porque en cada nota te escucho y te siento y en cada acorde me sonrojo. “Tú estás allá y yo aquí. Y yo aquí y tú allá”… cuando enviaste esa canción realmente me conmoviste, porque me hiciste idealizar nuestro porvenir.

Planeo nuestro futuro en cada conversación que tengo contigo, en cada canción que envías. Planeo la posibilidad de vernos pronto y consumar nuestras palabras, volvernos uno y con la unidad sentirnos vivos. Completos. Realizados. Sentir que somos todo lo que hemos soñado juntos y demostrarnos que estando abrazados nada puede herirnos. Esta distancia me duele, pero tus palabras son la cura y el más grande anhelo. Son el consuelo del presente y la esperanza del futuro, la esperanza de cohabitar bajo el mismo cielo y respirar el mismo aire.

“Tener noticias tuyas es como abrir una ventana, pero todavía no es como abrir una puerta…”

-Mario Benedetti.

-Romi TO