¿A quién escuchas para que no se te olvide que deberíamos disfrutar ese gran juego del que se trata la vida?

A veces me pregunto, ¿qué pasaría si yo fuera Héctor, el primero de la pandilla en morir? Me es bastante difícil concentrarme cuando empieza a sonar esta canción de Morrissey, First of the gang to die, pasan millones de cosas en tan pocos segundos por mi mente, sobre todo el recuerdo de Luis, un tipo bastante simpático, lleno de ganas de vivir. Recuerdo cuando trabajaba en ese hermoso hostal, más que un trabajo fue mi mejor hogar, conocí gente maravillosa y viví cosas inexplicables. Ahí conocí a Luis, lo registré y enseguida comenzamos a platicar. Él siempre esperaba la hora en que llegara mi turno en el trabajo para escuchar el playlist que yo siempre ponía, siempre era diferente. La música está cambiando todo el tiempo, depende del humor que uno ande. Alguna vez puse una canción que habían hecho por un libro y yo no estaba enterada, así que al día siguiente que llegué al trabajo, él me dejó un libro sobre el escritorio, para que me gustará más la canción, él decía.

Un día, salí a echar una bocanada, enseguida lo vi venir hacia a mí, me pidió uno y prendió ambos cigarros. En ese momento, comenzó a sonar Morrissey, él soltó una sonrisa infinita, muy agradable, y preguntó: Ana, ¿qué pasa por tu mente cuando escuchas esta canción? Inmediatamente yo sonreí y sentí una danza en mi estómago, le dije que mucha felicidad, que a pesar de que hablaba sobre el gran amigo que murió, por alguna extraña razón me hacía sentir feliz y con ganas de disfrutar la vida a cada segundo, le aseguré que era mi canción favorita en cuanto me ponía mis audífonos y patinaba por toda la ciudad. Todo el tiempo estamos muriendo, precisamente por eso me gusta la canción, para que no se me olvide lo mortal que soy.

Luis parecía sorprendido, me contó la historia de cómo sus amigos se reunían hasta ponerse borrachísimos y cantaban hasta quedarse sin voz con esta canción, ellos sí perdieron al primer amigo de la pandilla, y no, no fue Héctor como en la historia de Morrissey, fue el amigo de Luis, ese que tanto querían todos, y sin más, un día se marchó.

Hoy, Luis está casado, su boda fue hace unos días. Nunca supe que habría pasado si hubiésemos convivido más, pero tampoco me causa conflicto al pensarlo. Ahora, siempre recuerdo a Luis con una sonrisa, y le agradezco, por haberme enseñado que la muerte también puede ser divertida, y que la vida es ese juego que no deberíamos perdernos por nada del mundo.

– Space Oddity.