No sé cuantas veces he ido y venido a casa. Una semana aquí, una semana allá: estoy en dos lugares y a la vez en ninguno.

Después de recorrer el mismo camino una y otra vez, ya me lo sé de memoria pero aun así me sigue resultando hermoso. Verdes, verdes, verdes, son los campos que corren al otro lado de la ventana del auto. Montañas bañadas en tonos azules que se visualizan a la distancia. ¿Cuántos atardeceres no he pasado recorriendo esos paisajes, mientras el cielo se tiñe de tonos pastel?

Supongo que no pertenezco a ninguno de mis dos hogares, pues es en esas líneas curvas y rectas de camino a ellos, que yo me encuentro. En constante camino, justo en el medio me logro encontrar a mí misma, a menudo en las horas de viaje, divago en mi mente y es que me empiezo a conocer realmente.

Aún me faltan muchos viajes entre estos dos puntos: mi casa con mi familia y la universidad. Aún me faltan muchos viajes para conocerme aún más a mí misma. Aún falta mucha música por escuchar durante las horas de trayecto.
Aún falta vida.

– Poly