Todos tenemos en nuestra historia musical pequeños fragmentos de culto popular que guardamos bajo nuestra coraza de rockeros o amantes del jazz; las mías incluyen canciones como Oops! I did it again de Britney Spears o Pump It de Black Eyed Peas.

Me gusta pensar que no es nuestra culpa, que todos fuimos víctimas de un bombardeo comercial en los años en los que nuestro sentido crítico aún no estaba muy bien desarrollado, un tiempo en donde las formas para explorar otros materiales eran limitadas.

Y mis opciones sí que estaban limitadas: las fiestas de mi generación se movían entre canciones pop y reggaetón, mis papás escuchaban Ricardo Manzanero y Rocío Durcal, cuando prendía el radio para hacer la tarea siempre pasaban la hora de Luis Miguel. En medio de este mar de dolor y gustos culposos, encontré una salida: los top 10 de MTV y Telehit, mi primer acercamiento a la buena música.

Descubrí la escena mexicana, la música folk, el sonido alternativo. Y así fue como escuché Siddhartha por primera vez. Me encantaba el video de Volver a Ver; cada que veía en mi pantalla las nubes, las montañas y los pies en fila india sabía que era momento de pararme del sillón y ponerme a bailar en el cuarto de mi mamá.

¿Qué es ese sonido eléctrico que hace que mis caderas se muevan de lado a lado? Esos instrumentos galácticos, era como comer un nuevo helado de 10 sabores distintos. Y cuando veía a Jorge, con su cabello despeinado, era la cúspide del goce adolescente.

Ahora mi yo adolescente brinca de emoción porque podré Volver a Ver a Siddhartha en mi Querétaro, este 24 de octubre en Hammer Soul.

Nunca es tarde para darle gusto a nuestros yos del pasado.

– Cotton Mouth