El tiempo pasa despacio los domingos y más sumado a mi sospecha de que la Tierra gira más lento a propósito cada que intentamos ponernos de acuerdo sobre la película que vamos a ver.

Decides que KungFury cumple con los requisitos de algo de acción, comedia y retro. Comenzábamos el viaje hacia un nuevo mundo, acompañados por un bote de palomitas cuando, de repente, un sonido computarizado sale de la pantalla y no puedo evitar construir una escena en mi mente con ranas disparando rayos láser morados y rosas.
Ahí, en la escena, estoy yo, vestida hasta las rodillas por mi camisón de Pocahontas, sentada enfrente de la televisión gigante de madera, apretando todos los botones del control del Nintendo, junto con el característico bolillo y jugo de naranja de los domingos…

– Creo que mi memoria está atrofiada – Me digo a mí misma como conclusión final mientras intento recordar algunas otras cosas. Ya me había dado cuenta, sólo me gusta reafirmarlo, no vaya a ser que un día se me olvide y me asuste.

Con los años, mis recuerdos se hacen borrosos, pero basta con escuchar un sonido similar al que guarda mi memoria para traer de vuelta mis días infinitos de Arnold, visiones en rosa neón y ranas armadas.

Las tardes fáciles no se han terminado, cuando cierro los ojos, de nuevo traigo puesto mi vestido de Pocahontas.

– Cotton Mouth

Fotografía: Kung Fury (2015), Dir. David Sandberg.