Existen recuerdos en donde los elementos que los conforman están estrechamente ligados entre sí. Son una combinación aleatoria, una casualidad. Un momento, un lugar, una canción, un olor y el rostro de cierta persona; se mezclan por error, se amarran unos a otros. Se hace el vínculo y deshacerlo es casi irreversible.

A veces revivir un fragmento del pasado puede ser magia, otras veces es una maldición que te persigue hasta en tus pesadillas. Quizá por eso ellos huían tanto de sus recuerdos. Corrían con pasos fuertes, pensaron que estos eran suficientes para romper la liga y así borrarse el uno al otro de su memoria. Pero sacar a alguien de tu cerebro no es tan fácil, los lazos que se crean son tan fuertes que incluso el doctor Dr. Mierzwiak no pudo borrar por completo el cabello de colores de Clementine de los sueños de Joel.

En una coincidencia fatal, he atado muchas circunstancias difíciles a diferentes canciones. Puedo viajar de regreso a un momento doloroso con solamente poner play a un álbum. Quisiera que hubiera advertencias y que alguien me hubiera dicho:

“¡No escuches esa canción durante este invierno, aléjate de la computadora!”

Sin darme opción, los recuerdos se apoderan de mí y toman control de mis sentimientos. Y todo está de regreso, el frío de la neblina entre mis pies, el dolor en el estómago, su cuarto con las maletas hechas, la sensación de vacío…

Recordar no es sólo vivir. Recordar es morir lento también.

– Cotton Mouth