Ahí estoy como uno de los sobrevivientes de una fiesta cuando Zaabiani sugiere un cambio en los ritmos nocturnos: The Budos Band. En ese momento mis sentidos un tanto aturdidos ligaron lo que escuchaba hacia muchos dudes tocando Jazz con una pizca de rock sesentero, “suena bien”, pensé.

Corte a: algún lunes o martes en mi trabajo de día, miles de cosas por hacer, el teléfono no deja de sonar, no sé de qué país sudamericano me estarán buscando, ya…tengo que huir. Salgo, voy por mi auto, pero antes de salir al mundo llega mi querida conciencia musical ¿cuál será el soundtrack que guiará nuestra pequeña aventura rebelde? Es cuando recuerdo haber bajado el álbum Burnt Offering a mi biblioteca de Spotify, escuchemos a The Budos Band.

Salgo a conquistar la carretera, a medio andar de los 41 minutos que dura este LP voy manejando un Challenger 1970 en un camino de terracería, estelas de polvo se ven por el retrovisor, mi acompañante sube sus pies descalzos y uñas color rojo al tablero mientras da un sorbo a una botella de Jim Beam y me la ofrece para hacer lo mismo; ¿en qué momento pensé que ella y yo éramos buena idea? Sus piernas me dan la respuesta, doy un trago al bourbon, subo el volumen y acelero.

– Deschannel