Me tomó tres meses adaptarme a esta nueva etapa de mi vida, en la que hubo cambios inesperados, mucho aprendizaje y experiencias que me han hecho crecer. Hoy estoy de vuelta a las letras porque me di cuenta que escribir es la mejor forma por la cual puedo expresar lo que pienso y lo que siento, así que aquí voy.

En la vida vamos a tener muchos sueños, anhelos, aspiraciones, temores, celos, besos, abrazos, caricias, viajes, amigos, amores, inseguridades… todo vale la pena, todo esto se debe experimentar para darnos cuenta que somos reales, que esta es la vida con sus altos y sus bajos. Me tomó tres meses descubrir un poco de mí, descubrir mis nuevos sueños, mis prioridades y descubrir cuál era el motivo por el que debía seguir en este viaje llamado vida. Tres meses para descubrir lo que es el amor propio, valorarme y saber que puedo hacer lo que me propongo.

La plenitud te llega cuando sientes la dicha de ser quien eres, tal y como eres incluyendo los defectos y las virtudes. No importando que no hayas alcanzado las metas que te han impuesto o que tú mismo te impones para demostrar que eres mejor cada día, eso pasa al plano secundario porque lo más importante es sentir la libertad de ser tú mismo. Estoy convencida que he experimentado la plenitud, y mejor aún, la estoy viviendo y aprendiendo a hacer frente a las decisiones que he tomado, disfrutando cada momento y coleccionando experiencias.

Esa es la verdadera plenitud de la vida: Mojarte bajo la lluvia sin el miedo de arruinar tus zapatos favoritos. Invitar a tu amiga a un café para hablar de todo y reír fuerte. Besar al chico que te gusta sin miedo a que al día siguiente no responda tus mensajes. Trabajar en lo que amas. Tirarte al césped a leer el libro que dejaste pendiente. Creer en lo que dices, gustarte como eres… Justamente así:

– Romi TO