Mi pubertad y adolescencia estuvieron musicalizadas por Placebo, esa bandita cool del vocalista sexy afeminado y el altísimo bajista ultra delgado. La primera vez que vi un video de ellos en televisión me flecharon automáticamente. Anoté el nombre de la banda en mi pequeño cuadernillo de notas importantísimas para investigar más sobre ellos. Son ingleses, tenían que ser, todo lo bueno viene de allá ¿por qué? creo que ya lo traen en la sangre y me gusta pensar que la música es religión para los ingleses: te bautizan bajo el legado musical de las grandes estrellas que ha visto nacer la gran Inglaterra y ya está, no hay vuelta atrás. Placebo, ingleses, mi nueva obsesión.

Corrí hacia el ordenador, ¿Mamá, ya no vas a ocupar el teléfono? Quiero entrar a Internet. Me conecté y busqué todo, nombres de los integrantes, ciudad de residencia, discos, giras. Ay, ya vinieron a México y no los vi. Bien, en lo que junto una lana para comprar los discos descargo unas canciones.

Llegando al colegio me entero que mi mejor amiga compró el Sleeping With Ghosts, Nifta préstame el disco para quemarlo. -Va, tómalo. Lo llevo a la casa y la portada me hipnotiza: una mujer fantasma desnuda abraza a un chico y éste apenas le toca el fantasmal cuerpo. Me tiene, este disco me engancha y no me suelta, no da tregua. Lo escuché dos veces el viernes, una más el sábado y domingo también. Lo retengo una semana, dos, tres. Sabes una cosa Nifta, no puedo devolvértelo, este disco me tiene y no puedes alejarme de él. Se ríe, no se enoja: me veo forzada a regalártelo, eres de él.

– Romi To