Sí, como un zombie. Igual lleva muriendo desde los 60´s.[1] Por otro lado muchos ya se han quedado sin la sobrevaluada  materia gris (lo es), por lo que esto no les representa un peligro, sino simplemente un cambio de estilo de vida. Supongo que la descomposición ha estado tanto tiempo ahí que nos hemos acostumbrado al mal olor: nos acostumbramos a todo, incluso  a la podredumbre. Hemos soñado tanto tiempo con la destrucción del mundo, que más bien lo único que hacemos es ponerla a distancia; así como hemos puesto a distancia un mundo mejor. En fin, como éstos no tienen cerebro pueden ser libres de seguir viviendo y producir tanta boñiga como puedan vender;  y propagarse, hacer lo mismo y  a ser lo mismo. Hay gente descerebrada que vive de esto. Son personas después de todo. Dimensionemos: familias… generaciones enteras de micro-encéfalos (así los llamamos), decenas de millones, tendidas en red. Se propagan exponencialmente. Amas y amos (hay que ser inclusivos) de casa, cuya principal preocupación es saber cómo llevarán el suficiente trasero de cerdo y patatas a sus hijos. Hay que tener piedad, no vamos a matarlos de hambre. No se puede a todos.

Para bien o para mal nos acostumbramos a todo. Inclusive al bodrio de Maluma. Supongo que de la misma forma hubo una generación que se acostumbró a los Beatles ¿Aprendieron a ignorarlo? Les preguntaré cuando los vea.

Hace poco tiempo un amigo me preguntó si yo creía que algún día alguien hará por el reggaetón lo que, por ejemplo, Miles Davis hizo por el jazz, o Frank Zappa por el rock (o escoge tu ejemplo).  La impresión de la época, me decía, era que el jazz se trataba de un gusto de negros heroinómanos y marginados. Ahora se estudia en las universidades más prestigiadas, con tanto decoro que parece seña de una “alta” cultura. Hoy en día el rock puede ser estudiado con la misma minuciosidad. Por el otro lado, ¿con respecto al reggaetón? Unos latin-lover maltrechos y calientes[2]. Pero, ¿quién sabe? Yo lo escucharía. Después de todo, en el futuro la comunidad latina se hará legión, el sueño de Bolívar. México no pertenecería a esta comunidad. Sería considerada como muy “América del Norte”. No es sorpresa, por ejemplo, que México se uniera hasta muy tarde al movimiento de “rock en tu idioma”. Dicen por las calles (y cuando digo “calles” me refiero a “la internet”) que hubo una época en la que era común que se tocara rock en inglés en México. Después de todo es una importación gabacha. En pocas palabras: nos apropiamos de las importaciones y aparece el rock en español, luego el festival Avándaro[3] sucedió, entonces sucede mucha represión y control por parte de la industria y el estado, hasta que el rock en tu idioma huele lo suficiente a dinero. Sigue habiendo control, e industria, pero eso sí quizá menos censura. No pretendo desprestigiar talentos aquí, Caifanes me agrada, a pesar de Sabo Romo.

Esto es francamente lo que más me gusta del arte: que suele albergarse en los lugares más inesperados, en los detalles más insignificantes y muchas veces en sutilezas que hacen movimientos insospechados. Tampoco tiene que aparecer de esta forma; como tampoco puedo decir que lo que sea que haga arte en la obra sea estrictamente su discurso de fondo, o las notas en sí, o la estructura armónica, su complejidad, la felicidad y los mensajes bien intencionados, su parecido a la realidad y su espejo de la sociedad… etcétera.  De esta forma parece que estamos buscando una certeza geográfica para localizar en dónde podemos encontrar arte en la obra. Música en la música. Es mejor decir que el arte no tiene latitudes ni altitudes, que está como fuera del tiempo/espacio y se me antoja más como un movimiento inaprensible, escurridizo. No descartemos la posibilidad de escuchar en los próximos diez años un Abbey Road del reggaetón.

-Misael


[1] elmundo.es/papel/cultura/2015/09/25/56027bee46163f556a8b4579.html

[2] Pierdo 50 puntos por burlarme de algo que es fácil burlarse y que todo el mundo lo hace. V. Gr: Peña Nieto, Korea del Norte, los emos, tu mamá, etcétera.

[3] Un evento de carrera de autos que resultó siendo una carrera de motos (titular real de un periódico que reportó el evento), es decir algo así como un Woodstock región 4.