6:35 pm. A las orillas de una presa, con mis amigas a mi lado, el cielo justo en el atardecer y vista a la montaña.

Si tuviera que elegir uno de los momentos de mi vida para repetir indeterminadamente, definitivamente ese sería uno de ellos. ¿Por qué? Por el hecho de que en esos instantes, mi todo exhalaba vida. Mis amigas estaban a mi lado, bailábamos juntas como si la vida fuera de ese instante no existiera, no nos importara, nosotras solo existíamos gracias a lo que sentíamos y a nuestros cuerpos que bailaban libremente sin ningún estorbo.

Por memorias como esas, es que recuerdo porqué sigo viva, porqué sigo luchando, es por esas pequeñas pizcas de vida, esos relámpagos de felicidad, esos destellos de infinitos. No podía desear estar en otro lado, con otra compañía, y ningún otro punto de mi vida.

Con “Young Blood” de The Naked and Famous en el fondo, brincábamos, nuestros cuerpos eran presos de la magia de esa canción y del lugar donde estábamos paradas. Sí que se es infinito cuando se baila, se baila y no se hace nada más que eso.

Es que la música siempre está para acompañar los mejores momentos de mi historia, resulta perfecta para describir mi juventud y los recuerdos que me llevo de ella. Si mi vida tuviera un soundtrack, esta canción sería parte de este. Sin más que decir amigos, que sigan viviendo, que con un poco de suerte y paciencia se llega a momentos en donde realmente puedes sentir que estás vivo, que existes, que eres parte de un universo enorme pero no te sientes insignificante, al contrario, te vuelves infinito tal y como lo es este.

– Poly