“Me gusta la quietud de tus mares/ La ferocidad de tus olas.”
— Daniel Saldierna.

Siempre fuiste así, te conocí en la playa con tus pies llenos de arena y tu sonrisa de sabor a sal, te gustaba mover tu cabello ondeado, quedarte dormida a la orilla del mar e intentar cantar bajo el agua, muy estilo de la Sirenita. Mi rompeolas, parece que te vuelvo a ver con tan solo cerrar los ojos y estás ahí de nuevo brincando las olas, contando cuántas puedes esquivar y romper con un solo salto. Te quedaste “esperando la última ola” a la Manu Chao, con tu espalda roja por el sol, tu mirada más profunda que el océano y tus nacientes redes que se te habían empezado a formar con el tiempo. Porque la vida ya no era nada si no estabas cerca del mar, cerca de la revolución de las olas.

– Nude