En días como hoy, me invade una nostalgia terrible. Me encuentro aquí sola, en la oficina de trabajo. Me gusta ver el ir y venir de las personas a través del cristal con vista limitada por las protecciones de metal de la puerta. Y digo en días como hoy porque los truenos parece que van a quebrar las ventanas, la lluvia cae tan a prisa que pareciera que ve la necesidad terrible de agua para el planeta.

Hoy atendí a una señora tan linda, se veía feliz porque su hija ingresaría a la escuela; ella dijo que su hija quería ser escritora y que estaba emocionadísima de entrar a esta Institución de Arte. Le sonreí de manera inmediata y le dije que era maravilloso que pusiera tanto entusiasmo y confianza en su hija. Ella salió por la misma puerta por la que entró, pero ahora se fue más satisfecha que nunca por la inversión que acababa de realizar.

Me quedé unos segundos mirando a la puerta. A la vez me culpaba por nunca haber entusiasmado a mis padres con mis estudios, o no sé si los culpo a ellos por nunca haber mostrado entusiasmo por mí. Cada que les hablaba de una carrera parecía que había fallado de nuevo; era una especie de juego: ¡100 estrellas si aciertas con la carrera correcta! Pero al parecer siempre di la respuesta errónea.

Me encanta la gente que estudia lo que le apasiona; se sienten satisfechos por sus logros y parecen tan seguros de sí mismos. A veces me angustia que yo no pueda sentirme así nunca. Luego trato de que toda esta carga emocional se aleje un poco, me despejo unos minutos y pongo play: “My Darling” de Wilco comienza a sonar; esa banda que nació un año antes que yo, 1994, me da una nostalgia casi incontenible. Me siento como una niña de 6 años que fue desaprobada por no haber obtenido el primer lugar en el cuadro de honor sino el tercero. Me entran unas ganas de correr y que la lluvia me inunde más que estos recuerdos. Me habría encantado entusiasmar a mis padres, pero no fue así, pero también sé que nunca quisieron herirme.

Luego me levanto de la silla más o menos cómoda de la oficina, me dispongo a escuchar la canción unas cuántas veces más. Después de secar algunas lágrimas, recuerdo de nuevo esa señora encantadora que se acaba de ir; le doy las gracias en mi mente. Y me pongo a escribir este texto, tomo el libro que leo en este momento tan fuerte como si se fuese a escapar. Cierro los ojos y me digo: ahora es tu momento, también puedes ser escritora, o astronauta, o lo que sea. Pero lo más importante es que puedes ser.

– Space Oddity.

Fotografía: Space Oddity