Desde la primera vez que te vi, en los recovecos de mi corazón sentí un tornado, como esa sensación de que todo tiembla y se desordena. Estábamos en una fiesta y me decía a mí misma que tenías que acercarte a charla conmigo un rato. Dicen que cuando deseas algo con toda el alma el universo se alinea para que suceda, no sé si sea cierto, pero me gusta creer que sí.

Entonces te acercaste a la mesa de las bebidas alcohólicas, quizá sólo querías servirte otra copa, pero en ese ejercicio, te acercaste a mí. Me preguntaste si gustaba un poco más de whisky a lo que yo asentí. Me preguntaste mi nombre, yo el tuyo y fue así como iniciamos la conversación en medio de mucha gente alcoholizada que lo único que querían era seguir tomando.

Charlamos de música, cine, literatura, comida y de fiestas. Teníamos todo en común, mientras más hablabas sobre tópicos que me gustan, más ganas tenía de besarte, pero no me atrevía porque no quería parecer una desesperada.

Eché un vistazo alrededor, todos mis amigos se encontraban ebrios e inconscientes. Observé el reloj y marcaba las cuatro de la madrugada. Te dije que ya debía irme, pero tú me detuviste y entonces mi corazón vibró. Me invitaste a tu casa porque debías enseñarme los LPs nuevos que habías adquirido, y yo, completamente hipnotizada por ti, por supuesto dije que sí y nos fuimos.

Tu casa era tan acogedora y cálida que me hizo sentir una integrante más de tu familia. Subimos a tu cuarto, encendiste la tornamesa y giró Disco 2000 de Pulp. Una enorme sonrisa se dibujó en nuestros rostros, nos tomamos de la mano y bailamos sin parar.

Tu mirada era tan penetrante y profunda, y tu sonrisa tan sincera y reveladora, que no dejaba lugar a dudas. Junté mi cuerpo al tuyo, toqué tu rostro con la yema de mis dedos y besé la comisura de tus labios. Continuaste el beso y se volvió prolongado y dulce, me tomaste por la cintura, rodee tu cuello con mis brazos y continuamos bailando abrazados.

Continuará…

– Romi TO

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