Últimamente he pensado en la muerte.

Cuando mi abuela paterna falleció hace cuatro meses, mi madre marcó a mi celular para darme la noticia. Pasé la tarde en una especie de trance, creo que no le dirigí la palabra a nadie. Me di cuenta que no sabía lidiar con algo así. Al siguiente día viajamos a Michoacán, recuerdo que lloré al dejar caer el puño de tierra sobre el ataúd.

Hace unos días murió mi tía. Completamente repentino. Pasaron cuatro días para que hablara con mi prima, mis palabras se atropellaban entre sí al salir de mi boca. Reía nerviosamente. <<¿Por qué te ríes?>> Me preguntó. <<La verdad no sé.>> Contesté. Mi tío me dijo que estaba muy triste y que mis papás regresaban a Michoacán al día siguiente.

Escucho a Pumcayó y pienso que nada es permanente. Me hago consciente que nadie estará aquí por siempre. Mi corazón se acelera, la temperatura en mi cuerpo desciende y mi mente se va. La vida es un parpadeo. Siempre es hoy.

Escucho a Pumcayó y pienso en el pequeño pueblo donde crecí, me recuerdo jugando y explorando el mundo al lado de mis hermanas. Mi papá enseñándome a andar en bicicleta. Mi mamá cocinando galletas de nata para después de la cena. Las fiestas familiares, las bodas, los bautizos, navidades, años nuevos. Risas, abrazos, familia.

Las jacarandas en el camino me recuerdan que de vez en vez debo detenerme y apreciar los pequeños detalles. Agradezco la consciencia de mi ser, el aire fresco que envuelve mi cuerpo, los colores que viajan a través de mis ojos, y la música en mis oídos. Agradezco existir.

Dejo mis miedos a un lado y me aventuro a vivir.

– Deschannel

 

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