Ver películas es como un sueño lúcido en donde todos los sentidos están involucrados. Al ser una experiencia con diferentes matices emocionales, cada melodía en ellas queda ligada en el cerebro con una sensación, un fondo y las caras de los que fueron tus cómplices durante dos horas.

Una película te puede abrir un amplio mundo musical, pero esta vez una canción fue la que me llevó a una película: My Favorite Things. Dentro de lo dulce que es, por algún motivo resulta melancólica; al ver Dancer in The Dark entiendes por qué.

Grabada en un estilo Dogma 95, el film dirigido por Lars Von Trier se presenta como un video casero en donde la hermosa Björk juega el papel principal. Ella, cuando no puede lidiar más con su día a día, desconecta su mente y escapa a una dimensión totalmente diferente en donde su vida es un alegre musical.

Canción con canción, el tono se va tornando gris y tu angustia comienza a hacerse palpable. Cada palabra pronunciada por esa voz única resulta hiriente porque tú conoces su tragedia; eres el único que la entiende completamente y no puedes hacer nada más que verla.

– Cotton Mouth