Por cosas de la vida anduve un poco low las últimas semanas, anduve ausente también, un poco ausente del mundo y lo que pasa dentro de él.

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Las placas de mi auto se encuentran a muchos kilómetros de aquí, por lo que se ha quedado quieto las últimas semanas, lo recordé un par de horas antes de ver a un par de amigos para comer. No queda más que ser usuario del fantástico sistema de transporte público de la ciudad. Antes de salir de casa me pongo mis lentes de sol, acomodo los audífonos sobre mis oídos y le doy play a Monocrom y su álbum Delta.

Llego a Universidad, menos de dos minutos después pasa la B, me subo, pago mis $8.50 reglamentarios, me siento en la segunda fila a la izquierda, fucking asiento está súper caliente, con razón nadie se sienta aquí, el sol que entra por esa ventana del techo está muy ponchado. ¿Me quedo sentado o me paro? ¿No estaría muy weird que me pare solamente por que sí? Whatever, esto está muy caliente.

Llego a Plaza del Parque, empieza “Sigues aquí”, subo el volumen, la canción avanza y siento cómo se me enchina la piel. Me encanta cuando eso pasa, tu cuerpo se droga sónicamente y no queda más que disfrutar el high. La idea de que quizá soy un adicto a la música pasa por mi cabeza, soy adicto a nuevas sensaciones, soy adicto a los conciertos y festivales. ¿Realmente se puede ser adicto a la música?

Camino hacia la zona de comida, veo a mis amigos, llego a saludar, vamos por comida china. Platicamos de la vida, de nuestros trabajos, nuestras mascotas y demás. Se siente bien verles de nuevo y saber qué pasa en sus vidas. El tiempo pasa y tenemos que regresar al mundo real, él se va directo a su auto, ella esperará su Uber, yo iré a cazar de nuevo la B.

Llego a casa, le doy play a Monocrom en mis bocinas. Ya no estoy low. Me gusta estar consciente del cambio. En general no soy fan de música feliz, pero ahora mismo la estoy disfrutando. Mi piel se enchina, mi corazón se acelera y bailo. Bailo para agradecer este viaje que se llama vida, bailo porque soy feliz, bailo para amplificar las sensaciones.

– Wilbert Enrique Berdeja