Desde hace semanas, meses, años quizá, van y vienen conversaciones en mi mente, al observar a la gente que me rodea todos los días, a mis amigos, a mi familia; observo detalles gentiles, cuestiones sencillas pero que a la vez demuestran sentimientos que nacen y que se regalan sin ser solicitados, compromisos que se hacen porque están inspirados en un deseo que no es necesario forzar; veo gente que se preocupa por el otro, que procura al otro, que se hace presente en el otro; veo cómplices de aventuras, de planes y de ilusiones, construyendo juntos, y entiendo que al final sólo se trata de poder “ser” por siempre. Observo sacrificios, diferencias, incompatibilidades y momentos difíciles que se superan, puesto que después de toda una historia de historias, dejan de ser relevantes.

Me pregunto a menudo sobre lo que pasa por la mente de las parejas cuando están enamoradas, me pregunto qué siente cada uno, de qué sería capaz uno por el otro y si aquello que veo realmente existe; hay veces que ya no puedo razonarlo más por mí misma, pero si encuentro las palabras exactas, los sentimientos más puros y las palabras más hermosas en mis audífonos; y es así que me sumerjo en la idea y en la fantasía de esa sensación y me lleno de los sentimientos que inspira el estar en ese justo momento con justo ese alguien.

-Andrea León