“Nunca dediques tus canciones favoritas”. Bien dijo mi amiga: “Nunca lo hagas, que después de que todo acaba, se arruinan para siempre”. Tal vez tenga razón, tal vez nunca deberíamos dedicar esas canciones que tanto nos gustan, pero tal vez es eso, nos gustan porque nos evocan un sentimiento, que con el tiempo y las circunstancias, la vida se encarga de ponerle una cara.

Es cómo Si más que canciones fueran recuerdos de personas que se fueron y ya no están con nosotros, de formas físicas y espirituales. Debo confesar que nunca he dedicado ninguna de mis canciones favoritas, tal vez porque nadie se ha acercado tanto a ellas que no ha llegado a transformarse en ellas. Ante esto me siento bien, tranquila y feliz de que mis records favoritos aún solo me pertenezcan a mí. Sin embargo he conocido música por personas que quise mucho y que al escucharla me lleva hasta ellas. Mi interior se llena de nostalgia por el pasado, por lo vivido, porque ya no existe. ¿Es qué con una canción se puede revertir el tiempo? Supongo que no, solo puedes encapsular el momento, esa imagen fija, fotográfica de lo que pasaste con aquellas personas. Son susurros pequeñitos de “Te extraño”.

Una lágrima sale de vez en cuando, entre sencillo y sencillo, decimos “Adiós” en forma de estrofas y sonetos. Quizás lo que más nos duele al escucharlas es que dimos una parte de nosotros cuando las compartimos con alguien más, nos duele que quizás no supieron apreciar lo que significaron para nosotros, o simplemente la vida no nos daba para más.

Son deseos que no sucedieron, que solo para epitafios servirán. Son records prohibidos que es mejor dejar ir. No hablo de quemar la colección de discos que te regaló, o de cambiar de estación cada vez que sale la rola, solo digo que los superemos, esas canciones son personas que pertenecieron a etapas de nuestra vida que ya se fueron, debemos continuar, comenzar un nuevo playlist y Stop crying your heart out.

Video: https://www.youtube.com/watch?v=dhZUsNJ-LQU

-poly