Los noctámbulos quisieran morir en sueños si el insomnio no los despertara.

I
Tuve una pesadilla lúcida. Culpo al calor, al cansancio y a los incontables mosquitos que me rodeaban como buitres. Al menos esa es la razón simple. Lógica. Uno no debería indagar mucho en estas pesadillas. Menos atrevernos a apropiarles un significado. Experimentar la resignación a morir en un sueño es alarmante, ni siquiera es aterrador.

Don’t return without a heart.

Miraba la ventana abierta que intentaba ahuyentar el calor. Siempre las ventanas. A veces creo que las pesadillas ocurren por mirar fijamente la noche a través de las ventanas antes de dormir. Un portal. Lo confuso fue que nunca me di cuenta cuando caí dormido. Llevaba dos o tres horas restregándome inútilmente en la pared caliente –que debería sentirse fría- para combatir el calor. Comencé a preguntarme cuántos mosquitos podría  engordar esa noche  ¿Cuántas micras de sangre podrá tragar cada uno?  A lo mejor solo me rondaba uno o a lo mejor eran cientos.  ¿Cuántos mosquitos tendrán que picarme para contagiar dengue? Así no tendría que ir a trabajar mañana temprano, pensé burlándome.  Pensé también en dormir pero siempre es una batalla perdida si lo intentas a conciencia. Cansado y fastidiado intenté poner mi mente en blanco. Inútil, la noche está diseñada para hacer pensar a los noctámbulos. Los hace repasar su día completo, los hace recordar el día completo de mañana. Los obliga a saltar desde un risco hacía el abismo del cielo mismo y hacerlos volver de golpe al origen con un espasmo nervioso que sacude su vigilia y destruye su esperanza por el sueño. El insomnio es real; una manifestación física que controla nuestro cuerpo. Nada y todo tiene sentido a esa hora. Algunos instantes eres ligero como un recuerdo prenatal que te ayuda a desaparecer pero de repente algo te obliga a cambiar de posición porque se te está durmiendo un brazo o una oreja y regresas en ti. ¡Caray! Qué línea tan frágil.

So I can feed it to my dogs.

Después de pensar tanta idea inservible miré la ventana nuevamente -o eso creí, porque a lo mejor ya llevaba rato dormido- y sucedió todo:

Eran los perros de Tamayo ladrando en mi ventana, detonaban una guerra sonora en los paisajes desolados y sin esperanza de los cuentos de Rulfo. Un cielo que destellaba en blanco y luego negro, en blanco y luego negro. Ruido de sirenas, de niños, de armas, aullidos, el mundo gritando en una sola y horrenda voz que entumía mi cuerpo tirado en cama reventando mis oídos. El peso del miedo echado sobre mí. Repentinamente una mujer de vestido blanco echó abajo la puerta de mi habitación, con violencia encendió una sierra eléctrica y la enterró en mi cuello sin dudar. Pude sentir como mis tendones se separaban como cuando partes en dos una mezclilla deshilachada con las manos. Ese crujir progresivo.  Duró horas cortando. Sonando. Tenía la impresión de que no terminaría nunca y entonces lo supe todo en ese momento; habitaba una pesadilla donde estaba muriendo.

The heart rolls over in the dust and through its tears gentle ends.

Lo más inquietante es que no luchaba nada por despertar. La desesperación y el miedo me habían durado largo rato pero poco a poco me tranquilicé. Miré la ventana y decidí –porque decidir es lo más sobrenatural que se puede hacer en un sueño- que era tiempo de despertar.

Did you hurt yourself, my child?

Yo siempre despierto de las pesadillas con un espasmo nervioso y una respiración agitada pero está vez pude sentir como mis ojos abrían lentamente y que lo primero que miraban era la ventana abierta como al inicio. Me senté al borde de la cama mirando el suelo. Me llevé la mano izquierda a la parte lateral del cuello y sentí esos tirones que uno siente cuando duerme “chueco”.  Aún a medio despertar con los ojos cerrados reconstruí el estruendo que escuché en mi sueño y como si no fueran mis palabras se formuló en mi boca un susurro… “-Broken heart collector.”.

-delperrosinlengua