Llegué a casa después de una tarde distinta a las otras. Hoy no fui a trabajar, no tuve absolutamente nada planeado, mamá había salido de la cuidad y yo tenía las decisiones a mi merced.

Tomé el auto y me dirigí a donde los recuerdos pudieran invadirme, hoy quería recordar e inundarme. Las cosas no han venido bien últimamente. Llegué al bar donde solía ahogar mis penas hacía mucho tiempo. Donde lloré la partida del amor más añorado. Después de unas cuantas rondas de la bebida favorita que hace mucho no probaba comenzó a hacer ese efecto cosquilloso, me encontraba justo donde había ido a buscar encontrarme. Tomé el celular y mandé el debido mensaje de texto. Unos cuantos minutos después lo vi entrar.

Era exactamente igual a cuando comenzamos, exactamente igual a cuando terminamos, de la misma estatura, de los mismo ideales, de la misma miradita. Se sentó a mi lado, un tanto extrañado por la naturaleza del estado en el que me encontraba. No dijo palabra alguna, pidió la bebida él también, sabiendo perfectamente que la había pedido por que había estado pensando en nosotros. Abrió la cajetilla y me ofreció un cigarro, me sonrió y luego me tomó unas cuantas fotos con esa cámara nueva que cargaba.

Platicamos un buen rato y la bebida se convirtió en unas cuantas más, terminé mareada, diciendo cosas que quizá mañana no recuerde. No pasó nada más allá de unas cuantas imprudencias verbales, como cuando ves al amor pasar y quieres encerrarlo y guardarlo en una cajita.

Hoy llegué a casa después de no ir a trabajar, después de no atender otros asuntos quizá más importantes mas no relevantes, después de haber visto pasar todo lo que había vivido hacía unos años atrás, que lo había sentido tan cerca, tan vivo, que duró unas cuantas horas y de pronto se inundó de realidad después de la despedida.

Llegué a casa, apagué la luz y me tumbé en la cama, ni siquiera me cambié, aún se me movía el mundo, ya no se si por las bebidas o por la confusión, le di play al único disco que podría explicar lo que hoy me sucedió, quizá suene extraño, quizá no es de lo que siempre hablo, quizá es algo que aun duele pero sin duda es el que más disfruto, el más bonito de todos.

Los amores pasados no tienen que ser mejores que los presentes pero por estar de cierta forma cerrados están allá en el lugar en donde te permiten observarlos y pensar nada más en lo transparentes y disfrutables que fueron, que gracias a ellos estás en donde estás ahora.

Dormí, tan plena como nunca, y sin duda se disfruta, no es lo de siempre, pero es inigualable.

– Aimée