(Pon play a la canción)

Todos llevamos guardada una guerra personal; yo lucho contra el constante ir y venir, apagarme y encenderme. Hay días que siento como si estuviera acostada en el fondo del océano, rodeada de oscuridad con un peso muerto que me ancla a la arena; hay otros en los que siento el pecho tan rojo que casi es violenta la energía que llevo dentro. No tengo términos medios.

“-Is it a revolt?
-No, sir, it’s a revolution”

Hoy es un día rojo. Salto de la cama corriendo, el impulso vibra en mis venas. A veces, cuando me siento tan viva, me gusta buscar la muerte chiquita: esas punzadas en las rodillas que hacen patinar con más fuerza, fumar hasta sentir que se desconectan los cables de mi cerebro, chocar mis inestables huesos contra los suyos y querer partirme los labios de una mordida, el agradable tacto de nuevos moretones y raspones. ¿Por qué será que damos pasos hacia a esas cosas que nos matan un poco pero que nos hacen sentir más vivos? Como si morir en pequeñas dosis fuera el precio por sabernos con vida.

De alguna manera no soy tan diferente a Laurence, pues también él lucha por vivir. Su guerra por demostrar quién es va acompañada de unos tacones amarillos con falda verde. Lo veo plantar sus pies frente al salón y al escuchar su respiración espesa es como si me escuchara a mí misma, tratando de pasar aire a mis pulmones. Un cuadro perfecto enmarca su figura. La música precisa, los colores exactos. No sé qué tienen las cosas demasiado bonitas que me hacen querer llorar, como si fueran tan bellas que la única manera de mantenerlas así es destruyéndolas por completo.

Cada quien tiene una guerra. La mía es por sentirme viva. ¿Tú, qué guerra estás librando?

– Cotton Mouth

Fotografía:
Laurence Anyways (2012) Dir. Xavier Dolan.