“Take this sinking boat and point it home

We’ve still got time

Raise your hopeful voice you have a choice
You’ll make it now…”


Les contaré la historia de una de mis canciones favoritas: Falling Slowly de Glen Hansard y Marketa Irglova.

Todo empezó una tarde de vacaciones de verano, lo recuerdo bien, hace como tres años, me disponía a recostarme en el sillón y poner Netflix para pasar mis tardes. Después de buscar por horas una película que ver, me encontré con un musical irlandés que llamó mi atención debido a que la sinopsis decía se trataba de la historia de un músico callejero que se encuentra con una mujer y comienzan a hacer música juntos.

Música y amor sonaban como una buena combinación para pasar mi tarde, así que la puse. De la película les pudo decir que está buena, un poco lenta a mi parecer, pero el soundtrack fue otra historia, me encantó; sobre todo una canción en particular me logró fascinar: Falling Slowly, no sé qué tiene, si es la melodía calma, el ritmo suave, la guitarra, el piano o la voz de Glen Hansard.

En fin, conecté con ella y recurro a esta siempre en busca de paz. En sí la letra habla de un cambio, de no perder la esperanza, que llegará tu tiempo y todo el sufrimiento valdrá la pena. Es gracioso, pero la vida me la ha puesto de fondo muchas veces por sorpresa. Y siempre estamos solo ella y yo:

Recuerdo un día hace como dos años, era invierno y estaba viviendo en Toronto. Estaba sola en un café, tomaba un respiro de una larga caminata por la ciudad, era sábado, por eso del mediodía; estaba escribiendo en mi libreta, cuando de pronto me percaté que esta canción sonaba desde la bocina del lugar. Sonreí de adentro hacia afuera, era como si la vida de alguna manera me dijera: “no estás sola”; me di cuenta de que sí, en verdad no estaba sola en un país lejano. Me tenía a mí misma y a mi canción favorita.

Otra vez aún mejor: la escuché en vivo, no con los cantantes originales, si no en un musical de Broadway basado en la película (de nuevo sola). Decidí ir a ver mi musical preferido cuando viajé a Nueva York y me di cuenta de que estaba en cartelera. Les juro que la magia sí existe, o por lo menos existió en ese momento; de nuevo estaba yo sintiendo cada letra, cada cuerda, cada vibración, no podía pedirle más a la vida.

La escucho de vez en cuando si en mi cabeza hay remolinos, si mi corazón está intranquilo. Cuando busco paz, en esta canción la encuentro.

Amigos, ojalá tengan como yo su amuleto; que una canción les devuelva el alma y las ganas que el tiempo y la rutina quitan. Ojalá la escuchen, la sientan y sigan creyendo que la vida es maravillosa y que vienen tiempos mejores.

Les comparto mi canción:

– Poly