René llevaba ya un rato manejando entre el sofocante calor del sureste y demasiadas iguanas saludando al sol en plena carretera de Cancún a Tulum, en el estado de Quintana Roo. Y eso de manejar un Chevy rentado, austero y sin aire acondicionado suena jodido, de no ser porque la voz Brandon Boyd nos hacía corear “Pardon Me”, “Wish You Were Here” y demás canciones del Morning View de Incubus.

El sol empezó a bajar y a lo lejos, al final de un camino de terracería bien bicicletero, se asomaba el mar y una playita de olas suaves. Empezaba mi canción favorita del disco, “11 am” , pero René me pidió cambiar radicalmente la música. “Ponte Sigur Ros, “Olsen Olsen”. Torcí la boca, no porque me disgustara la petición, más bien por el cambiazo de mood.

“Anda, ponla. Ya verás”

Jónsi bajó la velocidad del carro con su voz y René y yo dejamos de hablar. Las lejanas olas se acercaban un breve braseo a la vez, mientras el cielo se ruborizaba por ponerle una canción tan suave y bonita. El Chevy se frenó antes de tocar la arena y con la profunda paz que exige Sigur Ros, nos bajamos.

No sabíamos quien iba a ganar, el sol en esconderse detrás del horizonte, o nosotros en llegar al mar para mojar nuestras cansadas piernas en las olitas rojizas de Tulum. La música aún sonaba en el carro que dejamos andando al final del camino. Por unos minutos fue sólo eso, música de fondo, un gentil sound track que pasó a segundo plano.

Una vez que la brisa secó el sudor de mi cara y la arena ya había dejado de ser molestia para mimetizarse con mi piel, el piano, las trompetas y René tarareando ligero su melodía fueron el elemento principal de ese atardecer en el mar. Me sorprendí al sentir que les imitaba. La música terminaba entre murmullos y una flauta que nos regresó a la realidad.

“Siempre que voy a llegar a la playita, pienso en Olsen Olsen. ¿Tú piensas en alguna canción?”

Por supuesto que tú, yo y probablemente todos los que leen un blog de música como Tarantino, tenemos música que simboliza el mar, las olas y todos los distintos moods de playita que una buena vacación puede traer. Pero ese viaje, Sigur Ros y lo que representaba llegar al mar para René, me hicieron entender como nunca que cada momento puede ser sensorialmente fantástico si te preguntas cuál es la música perfecta para acompañarle, y te regalas un momento para concientizarlo y recordarlo.

Me volví adicta a lograr esa fusión que tornó en un juego para no sólo conocer música distinta o sobre los gustos personales de otros. En mi experiencia, te ayuda a saborear de manera distinta cada momento que se te atraviesa en el día a día. “Olsen Olsen” ahora siempre será un atardecer en la playa.

En esta columna vamos a jugar con muchos momentos y espero que así, puedas encontrar esa canción para ese momento que estás viviendo.

Así que empecemos: ¿Cuál es la canción perfecta para llegar a la playita?

-Simona Elliot