¿No les ha pasado que son las tres de la mañana, tienen trabajos pendientes, exámenes, escuela a primera hora y en lo único que atinan a hacer es explorar internet en busca de algo interesante que ver? Y pasa el tiempo y solo crece el estrés por todo lo que tienes que terminar pero, aún así, no haces nada por terminarlo.

Una cosa lleva a la otra y de repente ya estás en el lado bizarro de internet; te cuestionas qué estás haciendo despierto, qué estuviste haciendo durante las últimas dos horas y por qué estás viendo un video de escenas famosas de Bollywood. Ahí, en medio de ese cuestionamiento, estoy yo.
Pues no hay nadie en mi casa, la tarea no va a estar lista para mañana y es la tercera vez que me sirvo cereal. Declaro esta guerra por terminada. Subo el volumen de mi laptop y me deleito con este regalo oriental.

Vestuarios brillantes, coreografías impecables. Si bien los efectos son cuestionables, todo se compensa por el encanto ochentero de la escena. Qué joya.

¿Eso es un sintetizador? La mezcla mágica de sonidos eléctricos recorre mi espalda en espiral. Empiezo a mover los hombros, cuánta belleza. Salto de la cama y sacudo mi cuerpo al ritmo de la canción. Doy vueltas alzando mis brazos, moviendo el estómago de lado a lado como si supiera hacer baile árabe. Aviento el pie, cabello en el aire. Es como si me supiera la coreografía.

Y tal vez te preguntes qué acabas de ver. Pero si también sientes el sonido eléctrico en tus hombros, párate de tu cama y grita:
¡Golimar!

– Cotton Mouth