Mumford and sons viene a México, leí en una publicación en línea y rápidamente consulté si era verídico. Salté y salté de emoción cuando supe que era verdad. Dos días después ya estaba comprando mi boleto.

Era la primera vez que venían al país, debía verlos como fuera. Sabía que ninguno de mis amigos ni la mayoría de gente que conozco, los había escuchado, así que era definitivo que iría sola a verlos en concierto. No me importó en absoluto, me gusta hacer cosas por mi cuenta y no podía dejar pasar esta oportunidad.

Llegó el día, y dicho y hecho partí sola a verlos. Llegué demasiado temprano (como siempre) al autobús de transportesK que me llevaría directo al concierto, pero eran más mis nervios y emoción que el tiempo pasó volando y cuando menos lo sentí ya iba rumbo a la Cd. De México.

Dos horas y media de viaje, una hora de fila para entrar, dos horas esperando a que tocaran. Mi cuerpo estaba tembloroso, y mi mente alucinando. Me encontraba realizando algo que quería desde hace mucho, desde aquella vez que vi un concierto completo por televisión me dije a mi misma que algún día estaría entre esa multitud, y ese día llegó antes de lo esperado.

El concierto no me decepcionó, brinqué, canté hasta terminar gritando, bailé y sobre todo, disfruté ese momento. Qué glorioso resulta ese sentimiento del estar frente a una de las bandas que más te gustan y compartir con ellos el amor por la música.

Uno de los mejores días del año, después de todo sí tuve compañía, miles de personas a mi lado cantando al unisono, mi banda favorita y yo misma.

Qué más puedo pedirle a la vida que me dé música para seguir creyendo que es hermosa.

– Poly

Fotografía: Poly.

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