“Te escribí una carta; la llené de flores y besé los pétalos de cada una de ellas.”

I.
Vamos caminando y empiezas a reír. Me empujas para que te persiga, sueltas una carcajada. Me encanta verte feliz.
Cuando sonríes el sonido alrededor desaparece, las figuras se ponen borrosas y sólo existes tú.

II.
Hay días en los que siento que algo anda mal adentro de mí. No sé cómo explicarlo. Me siento apagada, como si fuera sólo peso muerto. Te siento tan lejos pero estás acostado a lado de mí. Tratas de limpiar las lágrimas que caen por mis mejillas; tu mano se siente fría.
No quiero que te apagues.

III.
Tus palabras atraviesan mi pecho como flechas. Las escucho resonar con un eco pesado, se pierden como gritos debajo del mar. Tus facciones de desfiguran, tu voz deja de ser dulce y tranquila.
Eres un sueño que a veces se convierte en pesadilla.

IV.
Cómo puedo amarte tanto. No puedo imaginarme en otro lugar que no sea contigo. Tu aliento es como un imán para mi alma que no puede alejarse de la tuya.
Te veo en todas las flores, en cada mirada, en cada gota de lluvia.

V.
Busco tu cuerpo, desesperada. Nuestras manos están envueltas en fuego que nos enciende la sangre. Mis labios se funden con los tuyos, y dos bocas se hacen una.
El mundo se está cayendo, pero no importa mientras te escuche gemir.

– Cotton Mouth

Fotografía: Candy (2006) Dir. Neil Armfield.