Entras, permaneces de pie. El silencio inunda la habitación. Prendes la Technics 1200, sacas un vinil de tu inmensa bolsa de secretos: Filulas Juz. Único acuerdo explícito: no hablar mientras haya música sonando. Vierto un poco de Jim en mi vaso, el Jazz y el Whisky nacieron para ser siameses.

Nuestros besos van y vienen en una coreografía contemporánea. Te quedas quieta, pausas el mundo por un segundo, tu cuerpo toma el universo y lo convierte en energía cinética. Me dejo gobernar por el ritmo, no me controlo, tu sudor me hace resbalar, te he dicho que ya no puedo regresar, me ignoras.

Por tu mirada perdida sé que tu mente es un remolino sin principio ni final. El disco aún no termina así que guardo silencio. Me pierdo en la música, pienso en Miles Davies y su Bitches Brew. Bitches Brew y su Miles Davies. La fusión de sonidos, culturas y colores de piel. Un viaje entre la selva. La ascendencia astral del Homo Sapiens.

Nos levantaremos de la cama, el whisky y el humo pasearán por nuestras gargantas. Leerás, escribiré. Te convencerás del por qué una mujer necesita su propio cuarto, yo describiré la luz que se cuela por la ventana y toca tu espalda.

Telas diversas envolverán tu cuerpo, tu cabello se entrelazará dejando tu cuello a la vista. Esconderás tus pies de la luz. Guardarás el Astralopithecus en tu bolsa mágica. El silencio inundará la habitación. Permanecerás de pie un instante, y desaparecerás tras la puerta.

– Deschannel

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