Hace muchos días que incluso se volvieron años, llegué a la casa de color blanco de la esquina que tiene un árbol gigante afuera, que da sombra y te protege de la lluvia; que ha contemplado nuestros besos miles de atardeceres. Hay veces que siento que han pasado años, otras creo que esto apenas comienza: así es la vida cuando uno está enamorado.

Un día, conocí a unos señores preciosísimos: Sergio Y Tania. Siempre estaré agradecida con ellos, trajeron al mundo a la persona que más amo; Iván, que me enseña cada día sobre la vida y los millones de estrellas que nunca terminaré de contar.

Qué raro es cuando uno encuentra un hogar y una familia que no es la suya, ¿verdad? Nadie elige a su familia, ni su personalidad, ni su cuerpo, ni su cara, ni su nombre. Jamás querría cambiar todo lo anterior, aunque pudiese elegirlo, cada uno. A pesar de todo, me gusta persona que soy.

A veces me echo a reír porque no recuerdo si he tenido más tardes de risas con Sergio y Tania que con su hijo, pero eso qué importa. La parte más emocionante es cuando salimos a ver los atardeceres y reímos como bobos mientras comemos paletas de hielo o churros de azúcar, me encanta estar con ellos a solas, a veces quisiera echarme a los brazos de ambos y decirles cuánto los quiero, pero la verdad todavía no soy tan valiente. Es de las historias más raras que me han pasado, ¿cómo podría hablar más con los padres de mi pareja que con los míos? ¿Cómo ellos me preguntan a diario si hoy comí, si me siento bien, cuál es mi plan de vida? Pienso que estas cosas las debe de preguntar la propia familia. A veces pienso que crearon un monstruo inteligentísimo de hijo, otras creo que es el hombre más dulce del mundo entero.

La primera vez que fui realmente al mar, me llevaron ellos. Había ido dos veces antes:
Una cuando tenía dos años y aún tengo esa fotografía vergonzosa con los calzones llenos de arena; otra cuando iba en 4to de primaria y no luzco muy feliz en la foto (me daba miedo entrar al mar e iba con mi madre y otros parientes después de una separación de mis padres). Y esa tercera vez, iba con ellos, con Sergio, Iván y Tania; íbamos los cuatro, solos, juntos, contentos y a la vez tristes. Veríamos a Jesica por última vez; Jesica era la hermana de Tania, una mujer simpatiquísima que era capaz de todo, hasta las cosas más mínimas como obtener un delineado perfecto en ambos ojos de una sola pasada, era una excelente madre y esposa; Jesica era una gran mujer, pero el descuido y abandono la llevó a la muerte. Uno se muere más rápido cuando está abandonado por sí mismo y por su entorno, ¿no es así? Me hubiese gustado que ella se quedara más tiempo.

Cuando estuvimos frente al mar, corrí con Iván a que las olas nos golpearan y poco a poco nos fueron cubriendo. Sus padres nos tomaban fotos y sonreían junto a Jesica, fui tan capaz de meterme al mar hasta lo profundo, donde solo flotaba. Iván y sus padres han hecho que le pierda el miedo a casi todo, incluso que pruebe las cosas más desagradables y que si quiero decir no solo lo digo, soy capaz de decir lo que me pegue la gana gracias a ellos. Mientras todo el mar pasaba entre nosotros, yo sólo pensaba en Mac Demarco y su canción que sonaba una y otra vez en mi cabeza “Let my baby stay” que era parte del disco “Salad Days”. Pensaba en lo que decía la canción y en que yo estaba viviendo justo eso: “donde estaría yo, sintiéndome solo, separado de mi amor. Así que por favor; deja que mi amor se quede”.

Mi parte favorita de todo este cuento, historia; como sea que deba llamarse; es escuchar las historias de Tania y Sergio, y de cómo mi pareja creció feliz cerca del mar y, a la vez, tan lejos. Su padre es biólogo marino (Sergio) y, lo que ustedes no saben, es que tiene las mejores historias y deberían ser escuchadas una y otra vez por todas las personas.

Cuando conocí a esta familia, pensé que me quedaría poco tiempo, tal vez nada; han transcurrido miles de días, meses, años, nunca dejan de sorprenderme. No sé si me quedaré aquí para siempre o por cuánto tiempo (tampoco me preocupa). No le temo al mar y a todo el universo que lleva dentro. Y su sonido; es lo que más me gusta. De eso se trata: de saber que la música está en todos lados y nos hace viajar.

– Space Oddity