Llegó el verano y con eso para mí, tres meses de completa incertidumbre. Tres meses son bastante tiempo; mi corazón no había latido así de fuerte desde hace años, por tantas cosas a la vez. Supongo que es bueno; me está diciendo que está vivo, que siente y que experimenta.

El lado bueno de lo incierto es que las posibilidades no tienen límite, apuestas al destino, a la vida, a lo que sea, que te traiga lo que necesites de alguna manera vivir, las lecciones que debas aprender y las personas con las que debas estar. Lo incierto del futuro también da miedo pero te mantiene vivo, a la expectativa de lo que vendrá y de lo que sigue.

Me gusta pensar que el paréntesis del verano, traerá cosas buenas, un trabajo, el pasar tiempo con él y con mis amigos, descansar, ver miles de películas, escuchar nueva música, salir de casa… En fin, creo que puede resultar algo bueno.

Van dos días de verano y ya descubrí un nuevo grupo de música. Seafret toca en mi habitación, mientras yo tendida en mi cama, miro a hacia la ventana y de algún modo me preparo para lo venga.

 

– Poly