Si tuviera que elegir en qué lugar del automóvil me gustaría viajar, escogería el asiento trasero sin dejar espacio de un parpadeo.

Me gusta ese lugar porque disfruto viajar viendo el paisaje que se va dibujando al movernos. Las largas horas de camino me permiten crear historias en mi mente, recordar momentos de un pasado fugaz, imaginar que desconozco mi destino y que me sorprenderé al llegar a él.

Me gusta la parte trasera del coche, con mis audífonos puestos y el mundo expandiéndose a mis lados.

Siempre me senté ahí, desde pequeña en los viajes de familia. No sé si es por la libertad del espacio o porque podía ir de una ventana a otra sin molestar a nadie y tomar fotografías. Porque podía acostarme y dormir de regreso a casa después de un camino largo.

Me gusta el camino, la carretera de líneas continuas y zigzagueantes, sentir que en ese momento no pertenezco a ninguna parte, que ando por el mundo sin rumbo, simplemente disfrutando de la vista que me ofrece el día.

El asiento trasero, donde abundan las posibilidades entre los asientos y la ventana, donde puedo ver lo que voy dejando sin ningún remordimiento.

Suena esta canción, mientras vuelvo a casa.

– Poly