Dicen que sacar las lágrimas del cuerpo es la mejor manera de calmar el alma, después de la tormenta la tranquilidad invade y te deja ver todo desde otra perspectiva.

Los últimos días he estado en esta etapa de reconstrucción propia, y sacar tanta cosa que traigo dentro me ha hecho más que bien.

Hoy, estuve todo el día en casa, y por primera vez en varios meses me dediqué a mí. Mascarillas de avena, almohadita caliente en mis hombros, palomitas, pizza, películas francesas y mi preciosa compañía.

Después de que ya tenía la espalda entumida de tanto reposar se me ocurrió arreglar los cajones del cuarto. Entre tantas cosas inservibles que salieron pude encontrar muchas fotos de hace algún tiempo, tonta Daniela, no me había dado cuenta lo feliz que había sido, había yo estado tan enfocada en todo lo “malo” que estaba sucediendo que no me daba cuenta que lo más bonito y natural de mí era esa sonrisa, resultado de lo mucho que yo disfrutaba el simple hecho de existir.

Ya entrada en recuerdos y sentimientos encontrados lo único que se me ocurrió fue poner eso que me iba a llevar de vuelta, pero más que nada que llenaría la habitación de Dany, la que gozaba bailar y volverse loca sola en ese espacio de cuatro por cuatro.

La música comenzó a sonar y era como si de las fotografías salieran muchas yos, nos pusimos a bailar por todo el espacio, dábamos vueltas de aquí a allá, nos disfrutamos como aquellas veces. Después de un buen rato, cuando el álbum terminó pude sentirme tan en paz y tranquila con lo que era y lo que hacía que me tiré en la cama con la letra de alguna canción todavía en mente. Tarareé hasta quedarme dormida, más feliz que nunca.

Si se llegan a sentir en algún momento perdidos, échense un clavado en sus recuerdos, los chidos y los que llenan, pónganse un disquito para bailar y dejen que su cuerpo los haga recordar.

Mi recomendación y efectividad se las dejo aquí abajo.

– Aimée