Son horripilantes, se arrastran por los lugares más sucios, pestilentes y depresivos, devoran con gran avidez todo lo que se encuentran a la distancia de sus narices, es decir, en el suelo. No importa si es un trozo de la más selecta carne, o un gran puño de masa gris, babeante y llena de pelos, de esa que acostumbra tapar la coladera de la regadera.

Sus repugnantes presencias siempre estarán cerca de sus víctimas, casi al alcance de un abrazo, todos sabemos que provienen de las cloacas más profundas y vulgares del averno, solo esperando a sacar sus antenas para encontrar algún delicioso fiambre. Sin importar qué tan lejos tengan que ir, siempre en pos de tragar y cagar a sus anchas.

No hay insecticida lo suficientemente poderoso para eliminar, a esta peste de un solo tajo, aunque, el hecho de que no sean legales los productos para su erradicación, no significa que no podamos ponernos un poco creativos, para eliminar tan sucia plaga.

Algo discreto y clásico, contra estos reptantes seres, algo así como, unas mallas de ballet, bien ajustadas a sus cuellos, una guitarra bellamente estrellada en su cráneo, y mientras, cual cenicientas posmodernas continuamos con el concienzudo aseo, podemos escuchar una clásica melodía para estas jornadas de limpieza, algo procaz, juguetón, pero certero, algo como Bailaré sobre tu tumba de Siniestro Total.

 

– Mostrencat