El escepticismo llegó a mi vida cuando cumplí dieciocho años, descubrí el mundo de falacias que tejen los humanos para hacer su estancia en la tierra un poco más ligera y sin tanto embrollo. Disipé yo misma mis dudas, las inquietudes, y entonces llegué a la conclusión que creer es mucho más fácil que razonar.

¿Destino, fe o realidad? He ahí el dilema.

La diminuta palabra fe ha movido masas, ha curado enfermedades, construido casas, ha hecho que los jóvenes concluyan los estudios universitarios… y como veo que nunca terminaría, mejor escribo un etcétera.

Para los que van manejando la vida de una forma ligera, sin tantas complicaciones y extinguiendo el dramatismo, para ellos está la palabra “destino”. Las cosas pasan porque así estaban diseñadas, entonces nos resignamos y continuamos. Sí, me estoy incluyendo porque, aunque a veces lo niegue, creo en el destino en un, digamos, ochenta por ciento.

Y definitivamente están los que interponen la razón por encima de todo, aquellos que saben que las cosas no acontecen solas, las manipulamos para que sucedan o bien la naturaleza se manifiesta y toda acción conlleva una reacción.

Entonces apareciste tú y mi cuerpo vibró, mi mente se confundió y mi corazón palpitó. Tu existencia penetró en mi universo y debía saber por qué habías llegado hasta mi vida. ¿Destino, fe o realidad? Nuevamente esa interrogante retumbó en mi cabeza.

Han pasado ya algunos años desde esa calurosa tarde en la que analicé las tres posturas, y hoy solo tengo para decir que el ser humano no puede optar por un solo camino. El hombre debe experimentar, formar un conjunto de ideas y avanzar. La fe mueve montañas, llena los ríos y tranquiliza, si alguna vez la necesitas, no dudes en acudir a ella porque ¿qué sería del hombre si no se hubiera inventado un dios que llene los espacios desérticos de su existencia y lo acompañe a navegar por las aguas salvajes que llamamos vida? El destino nos hace dejar todas las decisiones que han de determinar nuestra vida en sus manos, emocionante ¿no creen? Y la realidad es ese soplo de aire que nos golpea en el cuerpo y nos hace tiritar por su crudeza. A veces no podemos continuar en nuestro universo quijotesco y necesitamos un poco de realidad para bajarnos de la nube. Aburrido, pero necesario.

Mi destino eres tú, mi fe, también. Si eres mi realidad no lo sé, eso sólo lo podremos saber con el paso del tiempo, para ver si podremos aplicar el dicho “por algo pasan las cosas” y si lo hacemos, yo lo dejo todo en manos del destino.

– Romi To