La vi aquel día como habíamos quedado, 9 pm en lunes. La vi tanto como pude, antes de que me partiera el alma en cuestión de segundos, la vi en esa fotografía formal y familiar que posaba junto a la caja donde ella ya no estaba, pero sí su cuerpo.

Qué difícil es dejar ir, en cualquiera de los sentidos a los que se refiera la frase “dejar ir”. En este caso, para mí es demasiado difícil, siempre me hace sentir que me hundo en un hoyo profundo y abismal cuando pienso en dónde podrías encontrar a una persona que se ha ido en cuerpo y alma, dónde podrías verla cuando más ganas tienes de hacerlo, sólo dos veces he perdido a alguien demasiado importante para mí; ésta fue una de esas dos. De la anterior prefiero ni siquiera hacer mención.

Había pensado tantas veces y me daba mucha curiosidad cuando la gente decía cosas como “Pero cómo sucedió si ayer estaba con ella. Pero si yo hablé por teléfono con tal persona ese mismo día por la mañana”… Esa ocasión, daba vueltas en mi cabeza algo así: “pero ¿por qué?, si apenas comenzaba todo para nosotras, habíamos quedado de patinar cada lunes. Justo hoy pero de la semana pasada, estábamos juntas hablando como nunca”.

Qué extraña es la muerte repentina, la muerte como tal, ya es un fenómeno rarísimo por lo menos para mí; siempre siento un vacío cuando pienso en qué pasa después de morir, me pregunto siempre a dónde vamos, a pesar de que es algo que está aquí a diario. No me alcanzaba el pensamiento ni el corazón para asimilar algo tan doloroso pero sobre todo trágico. Y ahí venía de nuevo “por qué a ella, no es justo”…

Me ha costado tantos días escribir este pobre texto, y digo pobre no en un sentido de conmiseración, sino que siendo algo tan breve ha logrado tomarme semanas, es un borrar y borrar, recordarlo y volverlo a vivir, es una sensación tan fuerte como indescriptible. Pero cada línea escrita aquí, es un paso hacia adelante que he dado para dejarla ir.

Podría contarles tantas cosas de lo que ella era, eso sí, todas maravillosas y llenas de vida, tenía unas ganas por crecer como nadie, ¡era una aferrada! Cualquier cosa que pareciera mal hecha, lo que sea, lo hacía con paciencia y una sonrisa hasta que se volviera algo bastante bueno. Así era ella. Me enseñó como nadie acerca de tener ganas e interés por la vida en tan poco tiempo.

Ahora pienso que ella está en todas partes, la sentí muchísimo el día que nos avisaron del accidente, yo iba llegando de un viaje pesadísimo en la Ciudad de México y no podía sacar de mi cabeza a “Slowdive”, ese día específicamente me sentía muy triste por la situación humana, violencia y delincuencia; cada día más desamor y lejanía.

Cuando recibimos la noticia, “When the sun hits” estaba en mi mente una y otra vez, la escuché tantas veces como pude hasta quedarme dormida. A la mañana siguiente nos avisaron que ella no había logrado salir de un “estado crítico” y que el funeral sería en tal lado a cuales quiera horas de un lunes. El lunes que ella y yo habíamos acordado para vernos, no me fue posible hablar de nuevo con ella… Aún me da muchísima tristeza pensar en eso, me habría encantado hacer todos los planes que hicimos juntas.

En este momento, me encuentro aquí conmigo misma, sigo extrañándola pero de otra manera, de una manera un poco más amena, menos violenta y quejumbrosa. Aún no termino de comprender la muerte de ella, fue algo tan repentino. Lo que sí entendí es que siempre hay que dejar ir para poder seguir caminando…

Lo último que leí de ella fue “Deseo que seas tan feliz que no sepas si vives o sueñas”…

– Space Oddity.