El New Wave oscuro, decadente, espeso, profundo, solo pide que te dejes hundir y deshacerte entre su ritmo y el sonido revuelto y emperrado, emanado de lo más profundo y frío, recuerda al generado por la maquinaria de la industria, que jamás duerme, no puede, tampoco desea hacerlo, aplastar, comprimir, amoldar, día y noche, tiene todo el tiempo para hacerlo, por cierto, el tiempo es uno sus más brillantes inventos, con su ayuda puede saber si ya está listo el “ganado” para ser llevado a línea de producción, a veces su vetusto olfato le puede fallar. El “ganado” por más vigoroso y rebelde que sea, termina graciosamente amoldado, etiquetado y “bellamente” expuesto en los anaqueles del mercado, es importante la “apariencia” de las mercancías, todos saben lo repugnante que es encontrarse con “productos defectuosos”.

En ocasiones el senil dueño del ganado se aterra frente a esta idea, hay noches en las que las emanaciones de los aceites y combustibles de las máquinas, mezcladas con los vapores de la sangre de la carne recién aplastada, le producen alucinaciones. Puede ver cómo las líneas de producción comienzan a atascarse con los fiambres molidos, poco a poco, la sanguinolenta masa va llenando los engranajes, estos al realizar giros forzados, comienzan a machacar aún más la carne, su movimiento parece despertar a la nefanda masa, se mueve, intenta escapar, se escurre, grita.

Pequeños chirridos mecánicos, provocados por el sobreesfuerzo de las máquinas comienzan a transformarse en mecánicos coros, puede sentir su senil cuerpo siendo desgarrado por las fauces de larvas ávidas de putrefacción.

Extraviado en delirantes y voluptuosas ideas decide detener las máquinas, buscar el pomo de crema y un poco de papel…

– Mostrencat