Un día de verano de 2013 iba en un tren de Reading a Londres, me encontraba perdido en mis pensamientos, de repente algo que se veía a través de la ventana llamó mi atención, mi subconsciente sabía lo que era pero la información aún no llegaba a mi yo real, puse mi celular en modo cámara y tomé la fotografía, segundos después me di cuenta que era la portada de un disco de Pink Floyd. Sólo faltaba un cerdo volador.

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La mayoría de las personas que conozco han tenido una fase con Pink Floyd, personalmente he tenido varias a lo largo de los años, lo más chistoso de todo es que hace unos días me di cuenta que siempre los había subestimado. Siento que hasta ahora no habría apreciado el nivel de genialidad de estos dudes. Mi cabeza está en conflicto, por un lado reprochándome el tiempo perdido, por otro lado estoy contento de que haya pasado.

Eran varias ya las semanas que vivía en un estado de numbness, desconectado del mundo. Sentimientos pesados llegaron a mi vida y me di cuenta que no podía manejarlos, así que me encerré dentro de mí para no sentir. Los días pasaron, la pesadez fue desapareciendo. La levedad me hacía flotar y me sentía bien, a ratos. El mundo me cuestionaba en silencio, y yo le huía la mirada.

Un día me cansé de escuchar todas las voces de allá afuera, las analógicas y las digitales. Escogí un día entre semana para ignorar el mundo. Una noche antes escogí discos para pasar mi día. Sería una terapia musical diseñada para consumo propio. Al siguiente día, cuando todos se habían ido, acomodé las bocinas de manera que no me dejaran salir y puse play. Escuché discos de Shpongle, Beatles, The United States of America, medio día había pasado y todo iba perfecto.

No recuerdo qué pasó que mi mente fue a Pink Floyd, busqué sus discos y empecé con Meddle, luego seguí con Dark Side of the Moon, Wish You Were Here, sin embargo no había llegado al cenit hasta que escuché Animals. De repente comprendí la unión que tenemos como seres humanos con la fauna de este planeta, elementos de este planeta unidos entre sí desde el inicio de los tiempos.

Escuchar Animals hizo que cierto peso que se encontraba sobre mis hombros desapareciera. Los colores regresaron y me hicieron despertar. Me pregunto qué pasaba por la mente de ese cuarteto inglés, qué habían leído, visto, o escuchado para poder crear música a este nivel. Siempre he tenido un favoritismo ciego hacia esos álbumes que son creados para tener una coherencia artística de principio a fin, Gilmour y compañía eran especialistas en diseñar y llevar al mundo real grandes obras de arte sónicas y visuales.

Está cool saber que siempre habrá situaciones, experiencias y música que abrirá mi mente a nuevos mundos, las posibilidades son infinitas, sólo hay que estar atentos. Hace unos días se completó un ciclo que inició hace 3 años mientras iba en un tren de Reading a Londres.

– Wilbert Enrique Berdeja

 

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