Siempre me he preguntado qué se siente decir realmente “¡ya quiero llegar a casa!” y en seguida la persona que lo dice sonríe, como si en verdad ansiara llegar a su hogar. Yo nunca he sentido eso que todos llaman “no hay nada mejor que casa” y debe ser porque desde pequeña; he estado corriendo de un lado para otro.

Cuando crecí, a una edad corta aún, decidí salir y vivir sola. Viví en muchos lugares: unos eran muy hermosos, con pasillos largos donde podía patinar todo el día, otras veces sólo se trataba de ver la lluvia inundar los pasillos; algunas ocasiones incluso la casa estaba llena de gente que te daba abrazos todo el tiempo. Se sentía muy bien, podría decir que muchas veces estuve cerca de tener un hogar.

Una vez, viví en un hogar con más personas; mi habitación era un cubo blanco sin ventanas, frío y húmedo a la vez, se encontraba al final de la casa. (Nunca me interesó darle vida tampoco; por alguna extraña razón, siempre sentí que ese no era mi hogar y que pronto me iría de ese cuarto frío y oscuro). En realidad, me tomó poco más de un año salir de esa casa. Sergio; mi novio, un día me pasó un disco cuando yo estaba sola en casa. “Cornerstone” fue mi canción favorita del álbum; hablaba de lo solo que se puede sentir una persona en su propia casa, pero al final, uno mismo es el verdadero hogar. Me sentía con una paz increíble después de llorar tanto con esa canción.

Cuando nace la fotografía que acompaña este texto; aún vivía en el cubo blanco. Me fui de vacaciones con Sergio y mi familia, fue una locura el viaje: pienso que siempre que se viaja es correr o esperar a los demás todo el tiempo, siento que se disfruta poco. En esa ocasión íbamos con mi familia, lo que para mí resultó una tarea difícil; hace unos años que no vivo con ellos y cada vez los entiendo menos. Quieren ir a un lado y otro, luego prefieren no hacer nada. A mí me gusta ir a ver todo lo que me llame; pero con ellos, es casi imposible. El momento en que tomé esa fotografía, Sergio hacía lo mismo. Se podría decir que nuestra fotografía es igual, pero ninguna foto será igual nunca por más que se le parezca; las personas tienen cosas distintas en la mente y lo que para ellos significa una cosa, para otros significa otra. Sergio me explicó que en su fotografía aparecían tres pescadores con un mismo objetivo: obtener su alimento. Yo pensaba otra cosa totalmente diferente: eran tres seres que estaban ahí parados y más que estar cazando; estaban contemplando su verdadero hogar. Sus caras se veían orgullosas de estar parados ahí; parecían completamente convencidos de estar en su lugar, cada uno.

Ha pasado poco tiempo de esta fotografía; apenas unos meses y yo sigo sin una casa. Dejé de vivir en el cubo blanco y frío, a veces me siento como un nómada; que nunca dejará de ir de un lado a otro. Y luego, cuando regreso al lugar donde viví muchos años; me doy cuenta que nada será igual. Ahora comprendo que yo soy mi propio hogar, porque hogar, no quiere decir un lugar para vivir; sino que el cuerpo aprenda a ser casa propia, y se siente bien.

– Space Oddity

Fotografia: Space Oddity