¿Un hombre con tanto talento musical a la altura de Bob Dylan y Eric Clapton podría pasar desapercibido en la industria musical estadounidense? La respuesta es sí y la supe en el año 2012 cuando salió a la luz una de las historias musicales que más me ha impactado: el documental ganador del Óscar, Searching for Sugar Man dirigido por Malik Bendjelloul. La película cuenta la aventura que emprendieron Stephen Segerman y Craig Strydom para investigar la identidad de Sixto Rodriguez, canta autor estadounidense de ascendencia mexicana que trabajaba cantando en bares en la década de los sesenta y quien soñaba compartir su música con el mundo.

Lo que me pareció muy curioso es cómo diablos una persona tan talentosa pudo ser ignorada, ¿racismo por sus orígenes latinos? ¿envidia de que el hijo de unos mexicanos le quitara el reinado a Bob Dylan? Sí es la respuesta a las dos interrogantes y después de saber las razones se formó un nudo en mi garganta a la mitad de la película por conocer que la desigualdad le había robado los sueños a un hombre humilde y honesto consigo mismo.

A finales de la década de los sesenta dos productores musicales convencieron a Sixto  de grabar un álbum de estudio el cual fue titulado Cold Fact; en el álbum Rodríguez experimentó con géneros diversos como el folk rock, pop, rock psicodélico y letras de fuerte contenido social, grabando un álbum digno de ser reproducido en las estaciones de radio más populares del mundo, sin embargo, la poca publicidad por parte de la disquera y el nulo interés de la prensa por voltear a ver al chico latino, dejaron como resultado un fracaso rotundo en ventas por los Estados Unidos.

Posteriormente, Rodríguez fue contactado por otro productor decidido a grabar otro álbum sin importar el fracaso del primero, fue así como Coming from Reality vio la luz en el año 1971, dando como resultado otro fracaso comercial y terminando con la carrera musical de Rodríguez, quien estaba desempleado y tenía una familia que proveer, viéndose obligado a renunciar a la música y buscar un empleo como albañil.

Pero ¿se imaginan que en su país natal sean unos completos desconocidos y fracasados pero que del otro lado del mundo sean la estrella de rock más famosa y admirada de la juventud? Pues eso le pasó a Rodríguez, quien ignoraba por completo que en Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia tenía hordas de fanáticos que compraron sus discos y tomaban sus canciones como himnos para luchar contra las injusticias; fanáticos que a la vez sufrían porque no sabían si el ídolo Rodríguez estaba vivo o si en verdad se había suicidado como corría el rumor. Todo eso pasaba mientras Rodríguez construía bardas y carecía de dinero en Estados Unidos.

Del otro lado del mundo sus discos cada día eran más codiciados, por lo que el sello australiano Blue Goose Music compró los derechos del catálogo musical de Rodríguez para reeditar los dos álbumes en un compilatorio que se convertiría en disco de Platino en Sudáfrica. Sí, leyeron bien ¡álbum de Platino y Rodríguez ni siquiera sabía nada! No tocó ni un centavo por todas esas ventas, no firmó ningún contrato por la reediciones, ¿quién se quedó el dinero por el derecho del catálogo? Eso mejor no se los cuento para que lo descubran ustedes mismos en la cinta Searching For Sugar Man.

Esta edición de Time Machine no sólo aborda un disco, sino que rinde un homenaje a ese hombre cuya historia es sorprendente. Se dice por ahí que justicia que llega tarde no es justicia pero ¿se puede compensar el daño del pasado? Para Rodríguez la respuesta fue sí, y la vida y sus fieles seguidores le regalaron mucho más de lo que las disqueras y la estaciones de radio norteamericanas alguna vez le negaron.

Después de esta historia me resultó imposible no preguntarme ¿cuántos Rodríguez más se han visto vencidos por la industria musical, cuántos sueños se han frustrado por las desigualdades, cuántos talentos han muerto en el anonimato?