Me lavaba la cara mientras escuchaba a una de mis bandas favoritas, la única que puede hacerme sentar cabeza y recordarme de dónde soy. Pocos lo saben pero me gusta jugar a que Daniela y Aimée son personas completamente diferentes, últimamente he usado más a Daniela por cuestiones burocráticas conmigo misma, ahora parece no ser relevante, pero más tarde lo entenderás.

Te decía que me lavaba la cara y escuchaba esta canción que me hace volver a mis siete años, cuando papá existía y me llevaba a los ensayos de la banda de tío Miguel en el garaje del abuelo, me cantaban siempre los dos mientras yo bailaba en el toldo del Mustang aqua y era feliz. Mi familia se dedica desde hacía muchas generaciones a la música y a los coches clásicos así que las tardes en la cabaña de abu, los ensayos y las carreras fueron los escenarios perfectos para una morrita a la que no le gustaba mucho jugar con sus muñecas.

En cuanto terminé de lavar mi cara me quité la ropa, me puse las licras y las calcetas largas para dormir, la playera vieja de algún concierto de antaño, y comencé a bailar al ritmo del piano. Ni siquiera necesitaba cerrar los ojos como en otras ocasiones para poder volver al garaje o a la cabaña.

Cuando papá desapareció hace unos diez años comencé con ese juego de los nombres y las personalidades, para mí Aimée siempre ha sido la niña que jugaba entre instrumentos, micrófonos y cables, a la que papá besaba en la frente y le repetía “amada siempre, amada”, la que se escondía de los perros detrás de los coches y soñaba con convertirse en corredora profesional. Daniela vino después de que papá decidió no volver, ella es más recta y formal, miedosa más bien, casi no sueña y cree más en la rutina que en las intervenciones del destino, apareció para opacar un poco a Aimée y para sentir menos la ausencia de papá, para sustituirla quizá, o para olvidar.

Mientras iba bailando por todo el cuarto y cantando cada vez mas fuerte recordaba a papá cantándome y haciéndome sentir la niña más bonita del mundo.

Lord, you got those come and go blues,
Lord, you got those some and go blues,
Yes, you do, oh and you got me feelin’ like a fool.

Lo disfrutaba más que nunca y no podía creer que el recuerdo de papá no doliera ya, por el contrario, al escuchar lo que yo llamaría la mejor canción del mundo pude recordar todo aquello que en realidad soy, Aimée, amada siempre, por papá o por los que pudieran rodearme, quizá no estén ya pero Aimée se quedó para hacerle compañía a Daniela, para recordarle que el miedo no sirve de mucho, para cantar Come and Go Blues y sentirse la niña más bonita del mundo, me lo recordaron y ser Aimée últimamente ha sido la mejor decisión que he tomado, suelo ser mucho más feliz.

Todas las niñas deben sentirse así, bonitas, únicas, y deben cantar en los toldos y jugar con los instrumentos, deben ser besadas por sus papás y deben escucharlos bien, pues será lo más sincero, yo me olvidé por un largo rato, si alguna vez les pasa escuchen y recuérdense…

– Aimée