7:30pm
Está a punto de obscurecer y nos encontramos en medio del bosque a bordo de un Yaris azul Acapulco, avanzando en la terracería a 10 kilómetros por hora esquivando charcos de lodo y esperando que nuestra suerte nos salve de que este carrito se quede atascado en medio de la nada.

4pm
Salimos de una playa de Guerrero con destino a casa de mis padres en algún lugar de Michoacán.
¿Sabes cómo llegar a casa de tus papás, verdad? – Pregunta femenina.
Claro, de todos modos podemos ver la ruta en el Maps ahí por Pátzcuaro. – Respuesta masculina.

6:30pm
Google Maps nos desvió cerca de Zirahuen, no estoy seguro si es el camino correcto pero el paisaje me distrae. Estos bosques michoacanos están bien cool, conforme avanzamos cada llano parece el lugar adecuado para mi cabaña imaginaria, por alguna razón pienso que escuchar a Dave Brubeck es lo ideal en esta situación.

Nos adentramos a Pichátaro, siento que alguna vez había escuchado este nombre, no sé si en alguna canción, ¿caminos de Michoacán? o quizá un conversación de mis tíos, no recuerdo. No sé si no están acostumbrados a que pasen carros citadinos mini, aquí todo mundo trae su troka o quizá nuestro atuendo playero tiene algo que ver. Más tarde nos dimos cuenta que el jazz en el carro sonaba a todo volumen, creo que también era eso.

Pasamos el pueblo y seguimos dentro del bosque, unos kilómetros más adelante tomamos la desviación a San Isidro, la carretera está un poco descuidada y pareciera que todo mundo está al tanto del censo vehicular o algo por el estilo, nos sentimos observados. Entramos a San Isidro, en la plaza central hay una banda de viento tocando, la gente anda por ahí caminando, corriendo, bebiendo, vendiendo pan, dando el rol en bici, tengo la sensación que todo el pueblo sabe que hay carrito azul con placas de Querétaro que no tiene idea a dónde se dirige.

Nos encontramos con las últimas casas del pueblo, Brubeck sigue sonando en las bocinas, y de la nada, se termina el camino asfaltado, ¿qué carajos? Ahora nos encontramos en medio de algún vallecito de alguna película, tratando de que el carro no se atasque. Reviso en el celular si vamos por el camino correcto, pero no hay señal. Cuando creemos que las cosas pueden mejorar nos encontramos con que el camino se convierte en un lodazal de varias decenas de metros, en mi cabeza imagino el Yaris completamente atascado en el lodo y teniendo que dormir en medio de la nada, mientras unos ojos anónimos nos observan a lo lejos.

Hago comentarios sobre cómo empiezan las películas de terror, extrañamente mi comentario no es bienvenido.

Nos quedamos un par de minutos viendo el camino delante, y al final decidimos que FUCK IT, so con todo el poderío del pequeño Toyota nos adentramos en unos 100 metros de aventura y estrés, quizá no es el mejor momento para que el Cuarteto de Brubeck ejecute en vivo, pero fuck it otra vez, el carro patina, la defensa truena en su encuentro con pequeñas rocas y ramas, patinamos un poco pero no perdemos el control del auto, un par de veces mi manos aprietan más el volante al sentir que casi nos salimos del camino, la terracería más firme se ve cerca, acelero un poco más, compenso con el volante, salimos disparados del lodazal hacia la terracería suelta, el carro se desliza un par de metros, pero un montón de arena nos frena.

Creo que ahora entendemos porque la gente nos veía chistoso, imagino la conversación mientras rolan el atole o la caguama: “¿viste esos chilangos que pasaron, han de estar ahí atascados con los puercos?” Ni siquiera había puercos cerca, pero cada quien. El punto es que la mini aventura del carrito citadino estuvo divertida, pienso yo…cuatro días después.

En retrospectiva creo que la combinación bosque + aventura 3D en lodo + Brubeck es un poco bizarra.

– Deschannel