Abro los ojos

-¿Qué día es hoy?

Veo la fecha en el celular. Sábado.

Me había quedado dormida con mis exámenes en las piernas. Llevo semanas sintiéndome desorientada, como una especie de alucinación; despierto sin saber qué día es, qué hora es, si tengo que ir a la escuela o si es hora de ir a prácticas.

Sin saber muy bien por qué, me paro rápido de la cama y empiezo a arreglarme. Traigo pegada una canción en la cabeza que me hace querer salir y correr a la mitad de la noche. Me pongo un vestido ajustado y medias de red, invento una excusa para irme de casa y, de pronto, mis creepers ya suenan, determinantes, en el asfalto de una calle vacía.

Llego a un lugar con mucho ruido. Me fumo un cigarro afuera de la fiesta y tomo whiskey con un par de desconocidos. Después de un rato escucho que alguien exclama mi nombre en la entrada del lugar y me abro paso entre la gente que no deja de mirarme.

-Sí, soy yo

Entro a la fiesta, me falta un poco de dinero para completar mi boleto, pero alguien lo paga. No voy con nadie pero en ningún momento estoy sola, salto de grupo en grupo para sonreír y platicar con un montón de extraños.

La canción sigue pegada en mis oídos. Cierro los ojos y aunque no la escucho, me muevo al ritmo de la música que sale de mi cabeza, dando vueltas junto con mi cerveza, el humo y las luces que me rodean. No me importa nadie ni nada más.

Algún día todo esto serán sólo recuerdos, y los traeré de vuelta pensando en las noches en los que era protagonista de la más extraña película. Por ahora seguiré saliendo a escondidas, platicando con gente que no conozco, caminando a la mitad de la calle con los faros de luz que apuntan solamente hacia mí.

– Cotton Mouth