Rodrigo toca el bajo en la banda Jacks, hace un par de meses el gobierno del estado de Tamaulipas contrató a su banda para tocar en San Fernando, Matamoros, Río Bravo, Reynosa y Nuevo Laredo como parte del Festival Internacional de Tamaulipas 2015.

En el primer post de la serie, Rodrigo nos cuenta cómo empezó la aventura desde Querétaro hasta Tamaulipas, sobre los prejuicios de tocar en esa parte del país, la vibra de tocar en un CETIS, y el renacimiento de una escena musical abandonada.

Este es el segundo post de la serie.


2 de Octubre de 2015.

Estamos en un taxi en algún lugar de Reynosa y es casi la media noche. Vamos Choch, Anapauz, Pedro y yo. Nos dirigimos a una tocada en la terraza de Memo Cobos, quien nos invitó al enterarse de que tocaremos mañana en la Plaza Treviño Zapata de Reynosa. Aparentemente estaba buscando bandas para su show y alguien que irá al concierto le pasó nuestra música y le gustó. Hoy tenemos el día libre y hace un rato le marcó a Pedro para proponerle que tocáramos o de perdida fuéramos al show a conocernos y ver qué podemos armar por estas partes del país en un futuro cercano. El taxi da vuelta en una zona oscura y no muy transitada de Reynosa y me pregunto si esto fue una buena idea. A lado de mí Pedro dice, “y pues aquí estamos, haciendo justo lo que dijimos que no íbamos a hacer.”

“Por el tema de la seguridad”, cuando aceptamos hacer esta gira en Tamaulipas dijimos que no saldríamos a ningún lado de noche a menos que fuera para tocar. Lo hemos mantenido hasta ahora. Después de San Fernando tocamos en Matamoros y anoche en Río Bravo. Tras ambas presentaciones fuimos directito al hotel. Fueron shows en plazas públicas y para nada tan explosivos como el de San Fernando. Quizás porque el público era mucho más mezclado; había tanto adultos como jóvenes de entre 16-20 y los adultos simplemente no se ponen tan locos cuando tocamos. Aun así creo que lo disfrutaron. Un cuate nos preguntó que si éramos de Brownsville y vendimos discos.

Esta mañana, llegando a Reynosa, lo primero que nos dijo la recepcionista al entregarnos las llaves fue “no salgan del hotel más que para su show” y “si salen, traten de no hablar mucho para que no sea muy evidente que no son de aquí.” La producción del festival nos hizo la misma recomendación, para toda la gira en general. Pero hey, sólo se vive una vez. Fuera de tocar, no hemos hecho mucho más que estar en hoteles o en la camioneta. Es sábado en la noche, hemos estado bebiendo y queremos ver más de Tamaulipas antes de irnos.

“Es aquí”, nos dice el taxista. Le pagamos 50 pesos y nos bajamos frente a una especie de local de reparación de laptops. El show es en la azotea del local. El lugar emana humo y ruido que se fusionan gradualmente con el cielo nocturno de Reynosa. Una batería desafinada y guitarrazos se van intensificando conforme subimos. Al final de la escalinata una chica nos detiene para pedirnos el cover, Ana le dice al oído que venimos con Memo. Cuando él llega se presenta, nos ofrece bebidas y nos pregunta sobre la banda y esta gira.

Memo es un tipo alto con una barba de leñador. Nos cuenta que él y Carmen (la chica de la entrada) tienen alrededor de 2 años armando estos cotorreos, independientemente de cómo estuviera el tema de la seguridad. Memo nos dice que hubo un punto en Reynosa en el que la situación era tan mala que nadie se estaba uniendo a la policía y estos cada vez eran menos. Ahí fue cuando el ejército tuvo que entrar. Aparentemente todo se ha tranquilizado más desde entonces. Memo y Carmen han estado organizando shows en Monterrey desde hace poco con otras personas que usan el nombre Rock en Barrio. Junto con la cervecera Indio, han llevado actos como Odisseo, Apolo y Hawaiian Gremlins a Monterrey. Memo nos explica también que no puede ir a vernos al show de mañana porque van a traer a Vanessa Zamora y tanto él como Carmen tienen que ir. Aún así reitera su intención de armar algo con la banda.

Dejo que él y Ana discutan detalles sobre esto último y me uno a la pequeña multitud que está enfrente de la banda. En total debe haber como 80 personas aquí pero sólo como 10 enfrente de los 3 individuos que están tocando debajo de una especie de cobertizo. El sonido no es muy bueno y la voz no se escucha mucho. Esto es una constante de los shows en casas y aunque a veces la energía cruda de tener a la banda enfrente es suficiente para compensar lo que hace falta en términos de audio y escenario, por ahora no sucede. Hay como 4 güeyes bailando frente a la banda, caguama en mano y esto se queda así con este acto y el siguiente. Aunque vayamos de un noise rock que me recuerda a Sonic Youth, a algo un poco más digerible y en español, nadie parece moverse mucho.

Eventualmente me aburro y me uno al resto de la fiesta. La azotea es amplia y quienes no están viendo a las bandas están platicando en pequeños grupos. Platico ahora con Carmen y naturalmente nuestra conversación gira en torno al rock en esta parte del país. Me dice que si ella y Memo organizan shows más ambiciosos en Monterrey y no en Reynosa es porque no hay suficientes espacios para hacerlo, ni personas como ellos que se avienten la producción, o tienen que enfrentarse a problemas de infraestructura, como el sonido de esta noche.

Mejor equipo de audio equivale a más dinero, pero no tiene sentido arriesgarse e invertir si al final no viene mucha gente. En Monterrey hay más espacios y mejor equipo. La gente suele ir a este tipo de eventos, pero no necesariamente porque las personas sean diferentes; quizás porque las experiencias relacionadas con ver bandas de rock en vivo suelen ser buenas. Así tiene sentido que se repitan cada vez con mayor frecuencia y los eventos sean más concurridos que en Reynosa, esto aunque, como Carmen dice, aquí hay mucha gente que escucha rock.

Algo así estamos discutiendo cuando lo que está viniendo del cobertizo me llama la atención. Veo que más personas empiezan a congregarse enfrente y ahora hay más movimiento. Están bailando. El ritmo que nos envuelve es algo como electro-cumbia hecha en un TR-909 y el bajo suena tronadísimo. De pronto una tonada de 8-bits que según yo es de algún videojuego de Zelda rompe en las bocinas y cuando regresa el beat la gente se prende más. ¿Qué chingados?


Cuando me acerco veo a un sólo güey, con una mesa plegable blanca de esas que ponen en las comidas familiares, y encima de ella me sorprende no ver una tornamesa. Parece estar agachado sobre algo más pequeño. Me hago paso entre la multitud y por fin alcanzo a ver que no tiene nada más que un Nintendo DS y un Play Station Portable conectados entre sí. Frente al bato, hay un micrófono y…eso es todo.

La gente baila hipnotizada alrededor de las bocinas y de pronto el artista saca un lápiz del Nintendo DS y se pone a tocar una especie de tecladito MIDI virtual. Los beats de electro-cumbia se siguen intercalando con música de 8-bits mientras unas personas alrededor de mí forman una especie de víbora de la mar. No puedo más e inmediatamente voy por Choch que está platicando con Ana a unos metros. “Güey, ¡no mames! ¡tienes que ver a este cabrón!” Lo agarro del brazo y lo llevo a donde estaba parado. Dejo que la escena hable por sí misma y los dos nos volteamos a ver como diciendo “verga.”

Cuando el show termina Choch y yo nos acercamos a la mesa y le preguntamos el nombre de su proyecto que se hace llamar “Niño Virtual”. Era apenas su segundo show. Le decimos que estaría súper chido invitarlo a Querétaro en un rato y él nos contó que ha ganado varios concursos internacionales con sus mezclas glitchosas de, como el la llama,  “Chip Cumbia Lagunera”.

Hace unos minutos hablaba sobre cómo la falta de espacios o infraestructura o presupuesto a veces frenan la música en Reynosa y aquí está este bato poniendo a bailar a una multitud con dos mini-consolas y un micrófono. No necesita mucho para viajar a otros lados a hacer lo que hace. Con dos bocinas, una mixer y su económico rig puede prender una fiesta él sólo. Punk-Rock.

¿Es muy soñador pensar que actos así pueden rescatar una escena que lucha por mantenerse fresca? ¿Como la de Reynosa? Si el problema es la falta de espacios y la infraestructura, tendría mucho sentido que proliferaran este tipo de actos. Cuando la música se adapta a sus circunstancias suelen surgir propuestas cuya originalidad no solamente reside en la mente de los creadores. A veces, como músico, esas cosas que tienes que hacer para disfrutar más lo que haces y poder compartirlo mejor acaban influyendo en cómo suena, porque se tuvo que adaptar a su espacio y tiempo. No hablo de paradigmas comerciales como melodías más pegajosas o canciones cortas, sino de permitir que tu entorno cultural, el lugar en el que vives y la gente de la que te rodeas influyan en la música que haces tanto como tus convicciones personales. Fue lo que pasó con Madchester, el punk neoyorkino de los 70´s, el afrobeat y casi cualquier movimiento musical. (Si quieres más sobre eso, recomiendo leer “How Music Works” de David Byrne.)

Salimos de la tocada con muy buen sabor de boca. El depósito de chelas seguía abierto cuando nos fuimos, como a las 3 AM, y compramos unas para el camino. Ya en el taxi de regreso al hotel, abro mi celular y una amiga de Querétaro me cuenta que hace unas horas mataron a un hombre en arboledas (una colonia linda en Querétaro) a plena luz del día. Eso me recuerda al titular de un periódico que leí en la recepción del hotel en Matamoros: “Sujeto da certera puñalada y mata a su rival”. Era una nota sobre un pleito de borrachos afuera de un depósito de vinos y licores. La nota cerraba diciendo “Las autoridades realizan investigaciones sin descartar que todo se haya producido a consecuencia del abuso del alcohol.”

Prácticamente cualquier cosa te puede mandar a la verga si abusas de ella. Mientras pienso en esto me cuesta trabajo creer que casi nos perdemos de la fiesta y de esta gira por una imagen que los medios nos pintaron de una situación que, por lo que he visto y me han contado las personas aquí, ya no es así. Del estéreo del taxi sale una especie de cumbia distorsionada por esa estática de una mala señal de radio. Nada como lo que escuchamos hace un momento. Le doy un trago a mi cerveza y me pregunto porqué nadie está escribiendo sobre el Niño Virtual.

Texto de Rodrigo Vázquez Rosas originalmente publicado en su blog R.V. ROSAS
Corrección de estilo por Hanya Beliá.