Mi vida debería llamarse: La desafortunada serie de crisis existenciales.

No sé si sean los veinte o el hecho de que he tenido demasiado ocio últimamente, pero no logro encontrarme.

Voy como un náufrago en una pequeña balsa rodeada de un mar de incógnitas. Ese momento incómodo de mirar atrás y sentir que falta algo, mirar al frente y no saber qué vendrá, si el tiempo recompensará la incertidumbre. Desde donde estoy parada no puedo ver nada, existe un abismo entre lo que soy y lo que quiero ser.

Soy de esas personas que caminan de acuerdo a lo que sienten, y ahora nada se siente bien o al menos parece inconcluso, como aun descubriéndose.

Me pregunto a dónde vamos, ¿a dónde nos dirigimos, vida? Lo único que encuentro por respuesta son indicios que aparecen en mis sueños, mi subconsciente tiene su manera de hacérmelo saber.

Supongo que conocerse toma su tiempo, Van Gogh tardó 27 años en saber qué quería hacer de su vida. Menos mal aún me quedan algunos años para descubrirme.

Para encontrar la calma, recuerdo esta frase: siempre acabamos llegando a donde nos esperan:

– Poly